Empezar a cortar y volver a disfrutar viendo la combinación de colores del interior, el caprichoso diseño que la naturaleza ha hecho de las pulpas (la de fresa, semejante a una mujer...) unido todo ello al olor desprendido al seccionar: dulce, penetrante y agradable a la par...
Y recién extraido el jugo aspirar la mezcla de olores, deleitándome en el placer natural que tal acto provoca en mi sistema neuronal...
Mientras examino la mezcla caprichosa de texturas y colores...
Para finalmente disfrutar del amalgama natural, capricho de la madre natura, maná degustativo, puro placer físico y mental... no sólo regocijante al paladar, también reparador y antioxidante corporal...
Y ahora que me vengan los de Don Simón a explicarme que su zumo lleva la mejor fruta, recién recolectada y directamente exprimida y envasada, con el sabor más natural que yo me pueda encontrar... ja ejem ja.