domingo, diciembre 11, 2011

La vecina del quinto

Esta tarde estábamos revisando una serie de mecanismos en el hangar de carga cuando un compañero ha hecho un comentario algo desafortunado y fuera de lugar respecto a mi estado de ánimo y a las "bobadas" que suelen rondarme últimamente por la cabeza. No he querido darle mayor importancia, pero ha seguido insistiendo de forma algo jocosa hasta que ha acabado por recordarme a la que fue mi vecina del quinto, alias "la come plátanos". Me ha dado un estallido de risa al imaginármelo colgado de una liana en una esquina del hangar... con la boca llena de plátanos... cáscara incluida. Lo bueno es que con las risas le he cortado el rollo... y yo me he quedado un buen rato pensando en mi vecina del quinto. La come plátanos, sí. Y es que la buena muchacha tenía afición por la fruta canaria... podía llegar a comerse cinco plátanos diarios y aún así quedarse con ganas de más... y me estoy refiriendo a la fruta. De los otros por su puesto que también, si es que se le daba la oportunidad...

No voy a entrar en detalles de cómo nos conocimos y empezamos a... hablar. Simplemente ella era la vecina del quinto. Una chavala de unos veintipocos años, pelo castaño, estatura media y curvas rotundas. Normal a todas luces tras un primer vistazo, dado que no se arreglabla nada (bajar a tirar la basura con el pijama de felpa, la bata y un moño Winehousero no ayudaba mucho a la causa...) pero realmente atractiva tras un rato largo observando los rasgos de su cara.

Ella tenía un mentón afilado, de modelo de revista. Una boca y unos labios pequeños (en apariencia) y unos ojos grandes a la vez que rasgados. Nunca la veía maquillada... pero tenía algo. Tenía un punto de... viciosilla. Sí, para qué negarlo. Pero una viciosa maja... y decente. Porque nunca me llevó hasta su casa, siempre bajaba ella a la mía. Quizá estaba casada, o tenía hijos, o vivía con los padres, o se dedicaba a cuidar de su anciana abuela... no lo sé, porque nunca me contó nada. Guardaba una discrección extrema. Por la calle o en las escaleras nunca me saludaba, actuaba como si no me conociera de nada, giraba la cabeza y miraba para otro lado con aire de suficiencia o indiferente... pero no era choni. Era una chica normal y curranta de barrio, que a veces, cuando tenía necesidad de comer plátanos (y no quiero parecer grosero pero era el eufemismo que ella misma usaba...) bajaba a altas horas de la noche a mi piso, en silencio, y con su pijama de guata, a darle a lo que se daba. Y a nada más. Porque lo suyo no iba más allá de la conjunción "fruta + aparato fonador". Claro que como era muy decente, al principio no pedía "quedar". Ella lo que verdaderamente necesitaba era un masaje porque estaba fatal de la espalda... y claro, uno no tiene titulación, pero dicen que no se le da mal el asunto... y todo empezaba de la forma que sigue: masaje + me quedo fría + por qué no te echas aquí conmigo + ¿Acaso quieres algo conmigo? + creo que tengo que revisar qué pasa por aquí abajo... + (podéis haceros una idea de lo que sigue). Ella todo se lo comía y todo se lo guisaba (literal), y yo básicamente asentía y le seguía el rollo, sin decir nada. Porque claro, ella era una chica muy decente, pero el tema frutal se le daba especialmente bien... y uno, como buen samaritano que es, no va a negar la fruta propia ante la necesidad ajena... así que a lo que estamos (adjuntar emoticonos varios de vergüenza ajena :$:$:$:$:$) El caso es que ella solía acabar "sus labores", atusarse el pelo, ponerse la bata (ni si quiera se quitaba el pijama... ni dejaba que se lo quitase...) e irse. Sin dar opción a más, se levantaba y se iba, sin mediar palabra. Acto que quizá para otros vendría a ser el crimen perfecto, pero que para mí... no. Su marcha lo que me provocaba era un estado de shock. Me hacía sentir un cacho de carne (en el sentido más amplio y despectivo de la palabra) y nada más. La expresión inglesa de "now you're a cunt" se me podía aplicar cambiada a "now you're a cock". Y no es algo que me hiciera sentir mejor, ni más hombre, ni más macho (cosa que francamente, me la suda), más bien todo lo contrario...

El caso es que con esta buena moza, una vez casi llegué a tener algo más que "alimentación frutal"... Esa noche ella estaba muy predispuesta, y me incitó y me llevó a... pero al final no pudimos hacerlo. Tras varios intentos con mucho cariño por mi parte (no podía ser de otra forma) se sentó a un lado y con la cabeza gacha me dijo que no podía... que era un trauma que tenía desde hace tiempo. Yo la sujeté la cabeza, junté mi frente con su frente y la dije "los traumas estás para superarlos..." y la di un beso en la mejilla, y me quedé mirándola con un gesto amable... mientras ella siguió con su ritual habitual: ponerse la bata, atusarse el pelo e irse sin dar opción a más conversación por mi parte.

Volvimos a quedar otro par de veces, con un único ánimo frutal-oral.

Hasta que un día que lo tenía yo algo cruzado (entre otras cosas por temas familiares importartes), apareció ella. Ella y sus gracias. Gracias sobre plátanos y sobre quedar esa noche. Yo la dije que no estaba de humor y no tenía ganas. Ella se burlaba haciendo comentarios referentes a que si ya me había tocado bastante el plátano o qué... yo la toreé como pude, pero el tema iba en aumento... debía estar un poco desesperada ya que por más que la dije que estaba cansado, que no tenía ganas, que no estaba de humor, que tenía otras cosas en la cabeza, patatín patatán... ella no paraba de insistirme en que si yo no quería, ella sí... que si a mí no me apetecía, a ella sí... que aunque yo no tuviera ganas de que me tocaran, ella sí que las tenía... incluso llegó a decirme, entre risas y bromas de mal gusto, que si en cualquier momento necesitaba una mano o una boca amiga, que la llamara, al día siguiente, o al siguiente, o cuando fuera... que tenía muchas ganas de... que necesitaba de... que hacía mucho que no comía de... etc etc etc... mucho yo yo yo usarte jajaja yo yo yo usarte yo yo yo jajaja cacho de carne estás ahí para satisfacerme jajajaja yo yo yo para mí... y hasta ahí llegó la vecina. Fini. Caput. Suficiente. No.

La borré de todos los lugares en los que la podía borrar.

Ella, curiosamente, reaccionó mandándome algún mensaje para quedar. Ella, que cuando la mandaba yo algún mensaje preocupándome por su espalda o por cómo llevaba la semana... jamás contestaba. Sólo contestaba días o semanas después si lo que quería era... frutear. Claro. So... I'm a cock, oui.

Seguimos cruzándonos por la escalera, y ella siguió tratándome con total indiferencia... como siempre. Ni un saludo de cortesía, nada. Estaba claro que nadie jamás llegaría a sospechar nada... ¿O sí? Me pregunto cuántos de los vecinos del bloque estarían en mi misma situación... o incluso, si alguno de los casados subiría a su casa a altas horas de la madrugada...

Dejé aquel piso, dejé aquel lugar. Nunca más volví a saber de ella, ni me volvió a enviar un mensaje, pasado un tiempo.

Gracias a la vecina del quinto me hice serias promesas respecto a mí mismo, los plátanos y las relaciones carnales de dos para el disfrute de dos y para el buen estado psicológico de los dos... (promesas que no cumplí, o que no salieron como esperaba... otro día hablo de "la secretaria" y sus "me vale cualquiera entre 18 y 75 años"...)

3 comentarios:

La serpiente que pudo ser mujer dijo...

Cuando leí la entrada pensé en qué podría comentarte. A estas horas y después de la fiesta de anoche..solo se me ocurre llamarte 'Mochilo' e intentar cambiar de marcha con el ombligo...

No sé si a esta chica la conocí yo en clases de Manipulador de alimentos.. Qué buenas notas sacaba la jodía..

Saludoss y silbidoss!!

V dijo...

... Y nunca podré volver a mirar un plátano a los ojos...

Ert dijo...

Pues seguro que la conociste, muy pocas destacáis en el arte de la manipulación alimentaria, tuvisteis que salir todas de la misma buena camada!

V, escrúpulos fuera!!! Prueba a tapártelos con cinta americana... o tápaselos tú a él! (y de paso, inmovilízale cáscara arriba y cáscara abajo... que sepa quién es la que lleva el mando!!!!) Y es que mirar a los ojos puede ponernos muy berracos... pero no mirar en ningún momento, también. Otra opción es que disfrazes al plátano de fresa o de piña... es otra forma de evitar caer en la monotonía frutal!