lunes, noviembre 12, 2007

Senectud entrante (I ): los espejos

Ultimamente me estoy dando cuenta de que en la medida de lo posible intento esquivar los espejos, ya que donde quiera que me tope con uno (haya gente alrededor o no), no puedo evitar tirarme un buen rato delante, observándome. Podría parecerlo, pero el asunto nada tiene que ver con la calidad narcisista propia de mis entrañas ni con nada que se le parezca. Muy al contrario, está relacionado con la edad y la problemática emocional que conlleva el acto de verse reflejado, problemática magnificada por el autofustigamiento mental libre y a diario como juego de mesa (potato couching, ya saben...)

El caso es que al plantarme delante de un espejo no puedo evitar enchufar el turmix e ir girando la ruletilla de potencia gradualmente, del 1 al 7:

Potencia 1 - Mezclar
"Pufff qué jeto..."

Potencia 2 - Agitar
"Necesito dormir más, comer mejor, hacer deporte..."

Potencia 3 - Montar claras suavemente
"Es que fíjate... ¡Qué ojeras!"

Potencia 4 - Montar claras enérgicamente
"¡Y se me están empezando a marcar las arrugas!"
(Frase dicha mientras te sobas los alrededores de los ojos, la frente, las comisuras...)

Potencia 5 - Batir
"Cada vez tengo menos pelo, no se me ven más que calvas"

Potencia 6 - Batir fuertemente
"¡Mis pómulos ya no son lo que eran!" aka "Me empiezan a colgar las carnes faciales" (las otras ya hace tiempo...)

Potencia 7 - Picar (con la ayuda de accesorio específico a poder ser)
"Y a los veinte te quejabas de que tenías mala cara, de que 'qué mayor', de que 'qué feura y qué mal'... ¡AYYYY! Quién pudiera retener aquella lozanía dérmica, aquella frescura y firmeza epitelial... qué poco te apreciabas entonces... ¡Juventú divino tesoro!"

No se me ocurre cómo cerrar la entrada. Lo dejo para momentos de mayor lucidez.

4 comentarios:

Sra. Carapelis dijo...

Juventud divino tesoro ya te vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro y a veces, lloro sin querer.

Ayy que yo tengo también el día sensible. hoy no me pidais ser la alegría del huertarubiatérmica porque no me se ocurre ná.

Carmen dijo...

Oye, a ver, ya podeis ir levantando la moral los dos q esto parece el mundo al reves! con lo bien q nos lo pasamos el viernes mi amol...

V dijo...

Me uno a la crítica de Carmen. Punto número uno: no me pidáis que alabe vuestros respectivos físicos porque no lo haré. ¿Y por qué no lo haré? Creo que las personas que no son conscientes de su propio atractivo resultan más interesantes, y no voy a fomentar vuestro narcisismo. Además, parece mentira, pero, ¿cuántas veces os habéis encontrado con personas increíblemente atractivas con las que no compartiríais un café ni muertos? Punto número dos: por Dios(a), si todo va bien viviréis hasta los noventa años, no empecéis a lamentaros tan pronto (¡a los treinta años seréis insoportables!). Punto número tres (RubioTurbio en particular): ejercicio, dieta sana, cremas las justas y necesarias (si te pasas al otro extremo te cargarás el equilibrio de la piel, y la tendrás demasiado grasa... ¿Es eso lo que quieres, soldado?). Punto número cuatro (idem): descárgate "Las Amistades Peligrosas", la versión de Stephen Frears, con un John Malkovich en el apogeo de su masculinidad cerca de los cuarenta y con peluca decimonónica (te juro que la he visto más de cinco veces y todavía me deja sin respiración en alguna escena). No sé por qué algo me dice que de haberme cruzado con él por la calle a sus veintitantos años probablemente no habría logrado llamar mi atención.

Ert dijo...

We go to see: desde ya reivindico como deporte olímpico esa disciplina tan aspañola y nuestra consistente en quejarse sin motivo ni razón aparente, sea o no ante la mayor de las minuncias y fruto siempre del aburrimiento vario!! (qtpego_)

Jaja ahora en serio. La entrada no pretendía ser victimista, iba más en plan "autoafirmación de lo que uno empieza a ser (viejuno) y debería comenzar a aceptar". Ya sé que el paso de la edá es impepinable (lo cual no quita que a los 35 me haya convertido en un quisquilloso insoportable :P) pero últimamente pararme delante de un espejo y empezar a mirarme y requeterimarme la flacidez o las patas de pollo es algo inseparable en sí mismo, no puedo evitarlo.

Sé que en cuestión de pieles no ando mal, no tengo la maravillosa capa epitelial de Suna o Carmen (¡Aaay como aprueben las expropiaciones de piel humanaaa...!) pero me doy cuenta de que algunos a mi edá están bastante más cascaos (dermatológicamente hablando).

Cuando me quejo es más bien en plan autocrítica porque sé que con algo tan sencillo como dormir todos los días un tiempo suficiente en horario normal y/o hacer deporte regularmente luciría mucha mejor tez, y no lo hago. Lo que me preocupa de las arruguillas por lo tanto es lo que denotan: dejadez vital, no de que ya no aparente 18 ni esas cosas (que también, pero en mucha menor medida).

En lo referente a los puntos...
¡NO, MI CAPITAN! ¡NO!
¡Quiero mantener a raya mis grasas! ¡TODAS! Digooo ¡La facial, mi capitán! :D

Confirmo lo que dices de las cremas, tengo comprobado que cuanto menos cantidad se echa mejor responde la piel, el problema es que algo (mínimo) tengo que echarme porque de lo contrario a media mañana la piel me tira más que la de Julio Iglesias y Sara Montiel juntas (exagero, pero tirarme es cierto que me tira)

En lo de que algunos están mejor con la edad estoy totalmente de acuerdo, la edad no significa perder atractivo, afirmación válida incluso para las mujeres (Por favor ¡¡Que alguien le quite el botox en vena a la Kidman!!)
Para confirmarlo ahí están desde la Kili Minoj (mucho más atractiva y sugerente ahora que hace veinte años, esté o no operada) hasta la eterna Sophia Loren, pasando por Monica Bellucci (dice que no se ha operado nada pero reconoce que en algunas fotos la retocan, no porque ella quiera, sino porque "así eh" el star-system...) o sin ir más lejos ayer se me descargó un documental de France Gall del 2001, de cuando tenía 54 tacos... sólo he visto algún cacho por encima pero ¡¡¡Menudos 54 tacazos!!! moder of god...